Sobre mí
Todo empezó con un pingüino.
Siempre me gustó la cerámica. Los platos de loza de la abuela. El botijo que descansaba a la sombra de una casa de pueblo en aquellos veranos eternos de rodillas peladas y agua fresca. Los fruteros con sus trampantojos de verduras.
Pero la primera vez que toqué barro, decidí hacer un pingüino. Robert Frost hubiera estado muy orgulloso de mí "de aquí a la eternidad: dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo, yo tomé el menos transitado, y eso hizo toda la diferencia".
Tenía dieciséis años, podría haber hecho un cenicero para el día del padre o de la madre. O un cuenco. Pero no, decidí hacer un pingüino. Y eso hizo toda la diferencia.
Los pingüinos se emparejan de por vida. Pueden estar mucho tiempo separados, pero siempre vuelven el uno al otro. Y así ha sido mi relación con la cerámica.
Hice otros trabajos, incluso fui feliz con ellos, pero, al final, volví a la cerámica. Porque la cerámica es mi partner in crime. Mi forma de volver a mí misma.
Y así, decidí tomar el camino menos transitado. Parar, escucharme y arriesgar. Y aprender, mucho. La cerámica es un pozo sin fondo en el que siempre hay algo nuevo que aprender. Quizás esa es la materia de la que están hechas las relaciones de por vida: la capacidad de sorprender y descubrir que uno no siempre sabe todo del otro.
Torno, esmaltes, modelado, moldes... He probado, he aprendido y sigo aprendiendo. A menudo me gusta combinar varias técnicas para dar con el resultado que estoy buscando. Esto, en cerámica, es un verdadero salto al vacío. Con sus alegrías y sus penas, como cualquier relación. Pero es lo que hace toda la diferencia.
Así que bienvenida/o, soy Raquel. La artista detrás de Aktitude Ceramics. La chica que eligió hacer un pingüino y se enamoró de por vida, como espero que te ocurra con mis piezas :).
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